AUDITADO

Historia de la ciencia — MED-015: de la catástrofe naturalizada a la historia multicausal de cuerpos, coerción y saber

1. Providencia, clima y cuerpos supuestamente distintos

Los primeros archivos coloniales explicaron enfermedad y mortalidad mediante providencia, clima, costumbres, humores y juicios morales. Sus categorías no fueron simples errores previos a la ciencia: organizaron tributo, conversión, trabajo y cuidado. Nombrar a una población como tributaria, neófita, esclavizada, “aclimatada” o incapaz de gestionar una planta podía decidir movilidad, alimento, tratamiento y autoridad.

2. La aritmética imperial

Coronas, órdenes religiosas, comerciantes y propietarios produjeron recuentos para gobernar. Padrones, libros sacramentales, balances de navío, registros de producción y almacenes medicinales hicieron visibles nacimientos, muertes, mercancías y trabajo. La historiografía antigua leyó a menudo esos números como población transparente. La crítica documental mostró que cada cifra fue fabricada para una operación: cobrar, evangelizar, asegurar, vender, disciplinar o abastecer.

3. El paradigma de la “tierra virgen”

La microbiología y la demografía del siglo XX hicieron visible la importancia enorme de infecciones introducidas. En versiones populares, ese avance se convirtió en automatismo: primer contacto más falta de inmunidad igual a colapso. La investigación comparada desplazó esa fórmula. Epidemias dependieron de conectividad sostenida, densidad, guerra, captura, desplazamiento, hambre, trabajo y capacidad de cuidado. Patógeno y colonialismo no son explicaciones rivales; deben enlazarse sin borrar mecanismos (SRC-MED-COL-EDWARDS-KELTON-2020).

4. Del archivo al cuerpo y del cuerpo al archivo

Bioarqueología, isótopos, paleogenómica y geoquímica ampliaron el campo. Teposcolula permitió reunir fosa, dieta, procedencia y ADN antiguo. Huancavelica enlazó sedimentos, producción y modelado atmosférico. Newton Plantation combinó cementerio, documentos e isótopos. Esas técnicas también heredaron colecciones formadas bajo extracción colonial; procedencia, custodia y autoridad comunitaria pasaron a ser parte del método, no un apéndice ético (SRC-MED-AMERICAS-RADIN-2018).

5. La medicina como infraestructura de esclavitud y misión

La historia institucional celebró cirujanos de navío, hospitales, boticas y misiones como expansión del cuidado. Estudios sobre diarios, cuentas y práctica cotidiana mostraron una ambivalencia estructural: sostener la vida podía preservar fuerza laboral, disciplinar movilidad o aumentar desembarcos con vida dentro de sistemas violentos. A la vez, personas esclavizadas e indígenas cuidaron, tradujeron, huyeron, negociaron y mantuvieron técnicas. Reconocer agencia no legitima la institución que la restringió.

6. De descubridores a cadenas de producción de conocimiento

La historia de drogas coloniales se escribió durante mucho tiempo como una serie de descubridores europeos. La reconstrucción de cartas, recolectores, aldeamientos, mercados, jardines, boticas y expediciones redistribuyó la autoría. Plantas como la quina necesitaron identificación local, extracción, clasificación, secado, transporte, prueba, monopolio y cultivo. El cambio de nombre o lugar de autoridad podía separar el producto de quienes lo conocían sin impedir su circulación mundial.

7. Persistencia frente a narrativas terminales

La crítica de las narrativas de “extinción” no niega la catástrofe. Obliga a distinguir población censada, ascendencia, identidad, comunidad, lengua y práctica. Genética antigua y moderna, arqueología de alimentos, registros de movilidad y conocimiento comunitario pueden documentar continuidades parciales. Ninguna disciplina posee por sí sola la autoridad para declarar quién existe.

Regla historiográfica

La historia colonial de la medicina no es el relato de enfermedades que siguieron a barcos ni de remedios que siguieron a exploradores. Es la reconstrucción de cómo poder, ecología, trabajo y clasificación hicieron que cuerpos y saberes circularan bajo condiciones desiguales.